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19 junio 2011 7 19 /06 /junio /2011 13:26

 

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No sé si falte poco o mucho para que a mí me celebren el día del Padre. Pero mientras eso ocurre, hoy es un día algo nostálgico para mí. Atrás quedaron esos años buscando presentes, apreniendo poesías  o corriendo con los regalos de última hora, seguidos del dominical asalto tempranero al cuarto de mi papá para saludarlo y entregarle los únicos regalos que él apreciaba con especial esmero: ropa interior y casacas. Comprarle otro vestuario era una batalla perdida, ya que mi papá siempre se negó a la idea de dejar sus viejos pantalones de mezclilla y sus camisas antiguas. Aún cuando le regalábamos algún pantalón o camisa para que renueve su clóset,  rara vez se las ponía o reparaba en ellas. Cuando falleció y mudábamos su cuarto, nos reíamos con mi hermano de encontrar algunos de los regalos que le dimos aún envueltos en sus bolsas, ya que nunca llegó a usarlos. El último regalo al que le chuntamos y que lo emocionó como un niño fue cuando le dimos un teléfono móvil, el cual fue el último objeto de su afecto.

Cuando eres niño, y si has tenido la oportunidad de crecer con tu papá, él es para tí lo máximo. Sin embargo, con los años el comienza a pasar de ser tu héroe a volverse cada vez más humano, más de carne y hueso, con virtudes y defectos -algunos arraigados y otros adquiridos-; y a medida que tu creces y él envejece, empiezas a emitir juicios de valor y cuestionar aquellas cosas que aprecias y que censuras y entonces las cosas van cambiando. En mi caso, la marcada diferencia generacional con mi papá no nos permitió muchas veces alinear nuestra forma de pensar, lo que nos trajo muchas veces discusiones que ahora me parece fueron algo inútiles, cuando tal vez pude haber aprovechado nuestro tiempo juntos para conocerlo mejor, cosa que ahora evidentemente no puedo hacer.

Sin embargo, mientras fui niño mi papá siempre fue mi héroe. Fue mi héroe cuando llegaba con esas máquinas y artefactos que traía de su trabajo y que me parecían de otra dimensión. Fue mi héroe cuando me contaba que su brevete se lo dieron prácticamente antes de cumplir dieciocho años, cuando a esa edad vino manejando un camión de Cajamarca a Chiclayo y al llegar a la plaza de armas el alcalde se sorprendió que hubiera hecho tal hazaña él solo,  otorgándole un certificado de conductor tan pronto abrió el municipio. Fue mi héroe cuando me contaba que él se encargó de proveer por primera vez radiocomunicación entre los aviones y la torre de control de los aeropuertos en el país, volando con cada avión que salía para hacer las pruebas in situ. Fue mi héroe cuando debían operar a mi hermana en el Hospital del niño y ante la imposibilidad de hacerlo por los cortes constantes de luz de ese entonces, decidió desmantelar el equipo electrógeno del edificio donde trabajaba y llevarlo en una grúa para que los doctores operen a su hija. Fue mi héroe cuando nos contó que, a raíz del contrato de su empresa para instalar equipos de sonido, había conocido a Juan Pablo II en su visita al Perú, y que había recibido personalmente su bendición. Fue mi héroe cuando nos llevaba a escondidas a su trabajo a mi hermano y a mí para enseñarnos a usar lo que entonces era una absoluta novedad: las computadoras. Fue mi héroe cuando jugábamos ajedrez y nos ganaba en cinco jugadas o jugábamos cartas y él nos decía qué cartas teníamos cada uno en la última mano, pues las contaba con la exactitud de su entonces lucidez.

Lo que más recuerdo y guardo con absoluto cariño es cuando éramos niños y él llegaba a casa de trabajar. Mis hermanos y yo, ni bien escuchábamos la puerta, salíamos disparados de donde estuviéramos y corríamos cual tropel para alcanzarlo gritando como desaforados ¡llegó mi papáaa! Y él, nos esperaba en la puerta con los brazos abiertos y su sonora carcajada; y luego de abrazarnos, sacaba una esperada barra de halls de su bolsillo, la cual repartía entre nosotros con premura y afecto. Aún ahora cuando veo una barrita de halls recuerdo esos momentos, aunque nunca lo halla compartido con nadie.

Con el tiempo mi papá y nosotros cambiamos mucho, y con ello muchos buenos recuerdos fueron desvaneciéndose, y aún a pesar de muchos momentos entrañables, nuestras diferencias fueron cada vez más marcadas. Juzgarlo ahora sería egoísta. Pasé mucho tiempo antes de llegar a la conclusión que definitivamente nadie te da un manual para ser papá. Es en el camino que aprendes a serlo, con todos los errores y aciertos que tengas en ese camino. Y si tuviera que agradecerle una sola cosa entre todas, es que supo escogernos una buena mamá. Eso definitivamente compensa todo lo que no pudo hacer o decir, y es en buena cuenta el mejor motivo para recordar todo lo bueno que fue con nosotros, todas las alegrías y anécdotas, todas aquellas cosas que me hacen extrañarlo y dedicarle estas líneas, mientras miro el espacio donde estaba la vieja puerta de mi casa y trato de ir hacia atrás, y escucharlo llegar, abrir la puerta. Y me miro corriendo con mis hermanos a su encuentro, empujándonos para llegar primeros y recibir su abrazo y el caramelo que nos traía a diario mientras su sonora carcajada inundaba la casa por la alegría de ver a sus hijos recibirlo con renovada ilusión y afecto.

Viejo, feliz día del Padre. Espero que cuando sea papá mis hijos guarden el mejor recuerdo de mí como yo guardo el tuyo. Espero que cuando crezcan puedan estar orgullosos de su padre. Pero sobre todo, espero que sean buenas personas y que yo pueda descansar con la tranquilidad de saber que hice lo correcto. Y espero que, cuando deje este mundo y te encuentre de nuevo, me esperes con esa enorme sonrisa tuya, con tu sonora carcajada y con esa barrita de halls en la mano, como antaño, y nos abracemos por el tiempo que no nos hemos visto y por todo el que falta para encontrarnos. Un abrazo viejo. Descansa en paz.

Con cariño de tu hijo Rodolfo

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Comentarios

Milagros 08/10/2011 05:37


Rodolfo me hiciste llorar, ya q al igual q tú tengo la dicha de tener un Maravilloso Padre q hace años cuando llegaba x las noches del trabajo mis hermanas y yo saliamos gritando "Mi Papá" "Mi
Papá!" "Mi Papá!" y él con una sonrisa sacaba la sencillera para darnos unas monedas, q bellos recuerdos, gracias x retrocederme en el tiempo, me nkanto.


Rodolfo M Rodriguez 12/05/2011 03:11



Pues parece mi querida Milagros que hemos sido bendecidos con buenos recuerdos, y esos recuerdos son los que llevamos siempre de ejemplo para ofrecerlos a los nuestros. Un abrazo



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  • : al final de la calle
  • : Bueno, a mi me gusta, ojala a ustedes. Es un espacio donde escribo algunas historias personales, reales algunas y otras sazonadas, así como pensamientos y algunos extractos de cartas y viejas libretas que me pareció interesante compartir.
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