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14 mayo 2011 6 14 /05 /mayo /2011 01:42

Hay personas que solo saben decirte lo mal que haces las cosas buenas y lo bien que haces las cosas malas. Hay personas que buscan un solo defecto tuyo para estigmatizarte, marcarte o señalarte. Que esperan des un traspié para tener una excusa para recalcar lo mal que vas. Las que te recuerdan y reprochan los errores pasados (y perdonados). Basta una palabra mal dicha u otra mal interpretada para prejuzgarte o adelantar opinión, de tal manera que puedan decir que tenían razón sobre ti, que aquella idea que habían escuchado o elaborado sobre ti es real o tangible.

 

Y es por ello que a veces nos la pasamos jugando para la tribuna. Haciendo o diciendo cosas que sabemos le gustarán a los demás, tomando actitudes y comportamientos que nos darán más aceptación y menos rechazo. Y dejamos de ser auténticos por ser como los demás quieren que seamos, perdiendo aquello que nos hace ser diferente, y por tanto, nosotros mismos.  Y nos pasa con los amigos, con la familia, con nuestra pareja. Una cosa es aprender a ceder y conciliar y otra muy distinta es dejar de ser “yo” para tratar de ser un poco más “tu”. ¿Y porqué mejor no dejas de ser "tu" para ser mas "yo"??.  El tema es que no necesitamos dejar de ser nosotros mismos sólo para  ser lo que los demás esperan que seamos. Ser un poco más "tu" parte del fin en sí mismo de cualquier sociedad que es el bien común, la adaptación a las necesidades del otro, aprendiendo a ceder, y tambien a otorgar. Pero sin dejar nuestra esencia, aquello que nos hace diferentes. 

  

Yo creo que aquél que más te dice que estas mal, que no vas a cambiar, es justamente quien, consciente o inconscientemente, te lo dice para no aceptar que también se habla a sí mismo. Aquel que te recuerda aquello que hiciste mal aún cuando ya no lo hagas, lo dice porque no perdona aquello que suponía superado; o cree difícil que puedas cambiar.

 

Todos sabemos cuánto nos equivocamos. Pocos lo aceptamos, y muy pocos hacemos algo al respecto. Pero, aunque hay personas que mejoran o empeoran pero no cambian, también las hay que aprenden de sus errores, que necesitan caer para ver desde abajo lo que es realmente importante en la vida. Y cambian. No tanto por los demás, sino por uno mismo. Y cuando alguien que quieres o que crees que te conoce te dice que sigues igual, que no cambias, pues como que te desalienta un poco, te sientes en una carrera en círculos, como si hubieras vuelto al punto de partida, a pesar de haber hecho el trajín. 

  

Leí alguna vez la historia de una muchacha que toda ella era un problema, y toda su vida le habían hecho sentir que sólo la querrían cuando cambiara. Pero a pesar de sus esfuerzos por ser mejor, cada caída la volvía más impenetrable. Hasta que una vez alguien le dijo: “No cambies si no quieres. Yo te quiero y siempre voy a quererte, al margen de que cambies o no. Te quiero  porque lo que siento trasciende lo que eres, y lo convierte en lo que representas para mí”. Y, como si estas palabras abrieran automáticamente una puerta que siempre estuvo cerrada, ella se supo, en su imperfección, querida. Y cambió.

 

Yo tenía hasta hace poco un jefe bastante ortodoxo –léase pegado a la antigua- y con un estilo de dirección que no coincidía en nada con el mío. Sin embargo, tengo que reconocer que él, a pesar de que muchos le decían que su método estaba desfasado, nunca se dejó intimidar por esos comentarios. Era tan auténtico que le importaba poco lo que pensaran de él mientras fuera íntegro y honesto, y era feliz así. Por ello, a pesar de no coincidir en algunas cosas con él, se ganó mi admiración y respeto.

 

Hay personas que solo saben decirte lo mal que haces las cosas buenas y lo bien que haces las cosas malas. Pero depende de ti y solo de ti darte cuenta de esa diferencia escondida, de quien te lo dice porque necesita que te sigas sintiendo el de antes, o porque realmente necesitas un cambio drástico en tu vida. Escucha en tu interior y sabrás la respuesta. A veces también nos equivocamos y nos llevamos por lo externo, sin percibir nuestro interior. A veces necesitamos decirle al otro que es imperfecto para evitar escuchar nuestra voz interior que nos dice exactamente lo mismo. La mejor manera de saber de que estamos hechos es aceptando nuestras fortalezas y debilidades, y frecuentando amigos verdaderos y sinceros, alejándonos de los adulones y aprovechados, que en buena cuenta siempre te dirán que eres el mejor mientras les seas útil.

 

No magnifiquemos los defectos ni minimicemos los esfuerzos del otro. Tampoco dejemos que lo hagan con nosotros. Lo importante es que seas feliz contigo mismo y hagas feliz al mundo regalándole tu presencia y compañía. Todos cargamos nuestra vida en nuestras propias manos; si estando llenas algo se me cae, no quiero que sólo me digas que algo se me cayó... me ayudarías mas si me ayudaras a recoger aquello que estoy perdiendo. Y si ves que en mi carga hay algo que no necesito o que puedo prescindir, dímelo con sinceridad mientras me ayudas a retirarlo; aún cuando tus manos también estuvieran llenas... pues a pesar de cargar nuestra propia vida, la carga compartida siempre es mas ligera.

 

A pesar de los tropiezos y los aciertos que tengamos, quiero que me digas lo bien que puedo mejorar lo malo y lo mal que haría en dejar lo bueno que hay en mi.

 

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Comentarios

. 05/31/2011 07:10


cierto, para ser felices necesitamos sentirnos bien con nosotros mismo y asi poder reflejar y contagiar a los que nos rodean. Ser sinceros con nosotros mismos para poder serlos con los demas


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  • : al final de la calle
  • : Bueno, a mi me gusta, ojala a ustedes. Es un espacio donde escribo algunas historias personales, reales algunas y otras sazonadas, así como pensamientos y algunos extractos de cartas y viejas libretas que me pareció interesante compartir.
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