Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
24 julio 2009 5 24 /07 /julio /2009 18:14

Siete años: En esa época criábamos esos fabulosos “pollitos por botella” que canjeaban los chatarreros que pasaban por mi barrio. Mi mamá, no sé si por inculcarnos la responsabilidad y el cuidado de una vida o por imaginárselos crecidos y en una olla, los canjeaba para criarlos y nosotros les poníamos nombres a cada uno -mención aparte, que cruel es ponerle nombre a un animal que va a terminar en tu estómago- de tal manera que nosotros, ilusos niños que pensábamos que nuestros pollos vivirían por siempre, los criábamos con esmero y cariño.

Resulta que una vez mi mamá canjeó diez pollitos. Todos eran amarillos, menos uno, que era negrito. Todos los días los mirábamos crecer y comer su maicito y en la noche los poníamos en su caja de cartón, abrigados con una frazada y debajo de la cocina, donde había un espacio vacío. Qué felices que eran nuestros pollitos. Hasta que un día de marzo, más explícitamente en mi cumpleaños, a mi tía se le ocurrió la fabulosa idea de hacerme una torta muy temprano en la mañana, de tal manera que yo la encuentre al regresar del colegio. Al parecer mi tía, al prender el horno, no se percato que nuestros pequeños y tiernos pollitos seguían debajo de la cocina. Resultado: Al percatarse mi mamá, por el olor, que mi tía había prendido el horno, corrió a la cocina, pero lamentablemente, llego tarde: nueve pollitos no habían soportado el calor y murieron. Mi tía fue procesadaza por pollicidio y condenada a una semana sin hablarle y a vivir con la culpa de haberme hecho pasar uno de mis cumpleaños más tristes, enterrando a los pollitos en su humilde pero digna bolsa de basura.

Sobrevivió uno. ¿Cual sobrevivió? el pollito negro. Muchos dirán “¡que suerte tuvo ese pollo!” pero la verdad es que su suerte no le duro mucho, muy a pesar mío.

Sobreviviente da la matanza colectiva de la que fueron víctimas sus hermanos y esperando que superara el trauma de la pérdida, a nuestro pollito negro le brindamos todas las atenciones posibles, dignas a un superviviente: tenía libre albedrío por toda la casa, andaba cagándose donde quería y comía hasta saciarse de todos los granos y semillas que le dábamos en compensación al insulso maíz al que estaba acostumbrado antes del sauna que le dimos. Es decir, vivía a cuerpo de Rey y se convirtió en mascota, de tal manera que ya mi mamá no lo veía como proyecto de menú en la mesa familiar a largo plazo.

Sucedió que, por problemas técnicos se fue la luz de mi cuadra por dos días. Estuvimos a punta de velitas y linternitas de lata, de esas que vendían a un sol y se oxidaban al mes. La penumbra nos obligaba en las noches a caminar de puntitas y a mantener a nuestro pollito negro en su caja, cuidándolo de algún infeliz pisotón.

Luego de dos días, un sábado por la mañana, nuestro querido electrolima (en ese entonces) nos conectó la luz, cosa que celebramos con mis hermanos como un evento extraordinario, y automáticamente convenimos en ir cada uno a un cuarto a prender los focos para confirmar la vuelta de la electricidad a nuestro hogar. Me tocó el cuarto del fondo. Al entrar, prendí la luz, pero note que me había parado sobre “algo”, ya que sentí la diferencia de nivel. Al mirar al piso, mi pobre pollito negro yacía, aplastado por mi extremidad, tendido en un charco de sangre. Pensé “no puede ser, no lo pisan en dos días a oscuras y yo lo tengo que pisar en pleno día”. Preso del pánico por el castigo de mi mamá y el repudio que recibiría de mis hermanos atiné a gritar pidiendo auxilio y al pedirme explicaciones tuve que decir la verdad… bueno, la verdad que yo inventé: que se había tragado una piedra.

Siempre me pregunto cómo es que en los momentos en los que uno debe saber mentir es cuando peor te salen las mentiras: nunca me creyeron, porque en principio dónde encuentras una piedra en un cuarto, que estúpido pollo se come una piedra y que piedra te estalla el buche para que sangres. Aunque no sabían como había hecho para noquear al pollo, nunca acepté que lo había pisado hasta hace un par de años, en una confesión sincera en familia. Ahí pudo al fin descansar en paz mi pollito.

Pobre pollito negro, salvado de las garras del calor pero aplastado por mi torpe humanidad. No sé que muerte hubiera sido peor, pero me hace acordar a la película destino final: ese pollo debió haber muerto con los demás. Lo siento pollito negro, aunque, que salado eres de estar en el sitio equivocado y en el momento equivocado. Hubiera preferido que seas un pollo con piña a que seas piña pollito. Así es la vida.

Compartir este post
Repost0
6 julio 2009 1 06 /07 /julio /2009 10:45

Hace unos años, un grupo de amigos convinieron en ir a Cieneguilla en bicicleta, por la ruta que pasa a través de los cerros de Manchay; era una ruta temeraria y peligrosa, pero emocionaba hacerla y no era la primera vez que la hacían. 

 

Era domingo. Salieron con la neblina de la madrugada desde la casa de Francisco; dos horas después, estaban por empezar a trepar los cerros. El aire frío de esa mañana de agosto congelaba sus mejillas y entumecían sus manos aferradas al timón de sus bicicletas. Luego de un buen rato subiendo y bajando entre los cerros, uno de ellos paró de golpe la caravana. La densa neblina de pronto se disipó y pudo ver que un cerrillo habia sido cortado de tajo por la pista que estaban construyendo. Sorprendido y preocupado, hizo señales para que el resto del grupo se detenga. Luis, Francisco y Jair se percataron de las señas y pararon bruscamente. Oscar, como siempre ensimismado en sus audífonos a todo volumen y distraído por ese afán temerario de sus dieciocho años, no los vió. Pasó por su lado velozmente sin percatarse de sus señales ni del peligro que estaba frente a él. Cayó, casi volando, por el acantilado que aquel tajo había formado, quedando inconciente y malherido.

 

Aquel grupo de amigos estaba desesperado y entraron en pánico, sin saber que hacer.  Cuando pudieron encontrar ayuda lo rescataron y fue llevado al hospital, con múltiples fracturas y un traumatismo que lo dejó inconciente. Estuvo en coma una semana. Cuando al fin abrió los ojos y todos respiraban aliviados, lo que venía sería mucho peor.

 

Oscar despertó del coma, pero angustiado y nervioso no reconocía nada a su alrededor sin hablar y con cara de espanto. Cuando los médicos lo vieron, llegaron a la conclusión que, producto del grave traumatismo que había sufrido, tenía un cuadro de amnesia parcial determinada. A diferencia de la común, su cerebro reseteó sus últimos catorce años, dejándolo en una edad mental de casi cuatro. Los médicos no eran alentadores: tal vez no volvería a recordar nada. ¿El tratamiento? empezar de nuevo, de cero: a leer, escribir, comer, estudiar. Los médicos recomendaron también que familiares y amigos, de ahora y de antes, lo visitaran. Su enamorada de entonces, tal vez asustada o resignada,  no soportó mucho tiempo verlo así y se alejó. Sus amigos con los que ocurrió el accidente iban seguido a verlo, e intentaban que los reconozca, pero era como jugar con un niño. A pesar que no perdían la fe, pasaron más de dos años, y  el tiempo y la esperanza de  que algo extraordinario sucediera era una posibilidad cada vez más remota.

 

Oscar tardó algo de tiempo en volver a hablar y escribir, y de manera muy limitada. Ya saludaba a sus amigos, y sabía quién era quien (bueno, para él eran sus “nuevos” amigos), aunque no pocas veces tuvieran que presentarse nuevamente. Su mamá comentaba que le enseñaba fotos de los años perdidos en su mente y que ha veces le parecía que estaba por reconocer algo, pero, cual motor ahogado de un carro descompuesto, cuando parecía que iba a arrancar, se apagaba.

 

Los médicos habían recomendado que trataran de que Oscar inetractuara con la mayor cantidad de familiares, amigos y conocidos que de alguna manera pudieran hacerle recordar algo de lo que había borrado. Todos pasaron por su habitación de Magdalena, incluso hasta viejos rivales (le llevaron hasta al pata que le pegaba en su colegio). Pero, aunque muchas personas pasaron ante sus ojos, nada cambió en su mirada nublada y extranjera a lo que pasaba a su alrededor. Nada parecía poder traerlo de vuelta. Nada, hasta ese momento.

  

Pasó que un día, mientras los amigos miraban un viejo álbum de fotos, se percataron de algo… bueno, de alguien. Ese alguien era Lorena.

  

Lorena había estudiado con Oscar desde la escuela primaria. En la secundaria, si bien ambos fueron cambiados de colegio, se siguieron viendo por la cercanía de sus casas, en la misma calle. A mediados de la secundaria Oscar le propuso a Lorena ser enamorados, cosa que ella aceptó encantada. Vivieron dos años de una maravillosa y linda relación, hasta que ella tuvo que terminar la relación porque se fue a vivir a Miami con su familia. Él había contado esta historia a su grupo de amigos pero su relato se había perdido en la memoria de quienes lo habían escuchado, por lo que sus amigos no podían creer que se habían olvidado de ella en todo este tiempo.  

 

Decididos a todo por encontrar a Lorena, interrogaron a los vecinos de su cuadra. Nadie sabía su dirección en Miami. Nadie sabía su correo, no existían las páginas sociales y el teléfono móvil no era precisamente popular entre jóvenes. Cuando por fin consiguieron su teléfono –gracias a una antigua amiga de muñecas de ella- otra sorpresa les esperaba: ya no estaba en Miami… había regresado a Lima hacía un mes, ya que no le fue bien por allá. Ya estando ella en Lima no fue difícil encontrarla. Luego de ubicarla y explicarle el motivo por el cual la buscaban, Lorena muy conmocionada por lo que escuchó no dudó en ir a casa de Oscar para verlo.

 

Jair y su amigo llamaron a casa de Oscar y le contaron a su mamá que estaban llegando con Lorena. Claro que la señora no recordaba quien era Lorena y se enteró en ese momento que ella había sido enamorada de Oscar. Le pidieron que lo vistiera y le dijera que irían con una amiga, pero que no le dijera el nombre. Cuando llegaron, Francisco y su mamá estaban con él.

 

Oscar -le dijo Jair- hay una amiga que quiere saludarte,

“Ya” dijo el sonriéndo.

Al entrar la muchacha a la habitación, Oscar volteó a verla. Allí estaba ella, parada en la entrada de su habitación, algo nerviosa y conmovida por lo que veía.

¡Hola Oscar! ¿Te acuerdas de mí?  Dijo ella, mientras se acercaba y lo abrazaba, dándole un tierno beso en su mejilla. "yo me llamo….

“Hola, Lorena” dijo Oscar.

Cuando escucharon eso, Jair y Francisco voltearon algo mortificados hacia la mamá de Oscar:

¡Señora!, -le dijo Jair- ¿no le dije que no le avise ni le sople el nombre??

Su mamá, aterrada, no atinaba a contestar

"Yo… yo no le dije nada- balbuceó mientras miraba impactada a su hijo.

 

Volteamos entonces todos sorprendidos hacia Oscar

"Oscar, ¿sabes quienes somos?" Oscar nos reconoció perfectamente, se sorprendía de que estuviéramos todos en su cuarto –incluyendo Lorena- hasta que reparó que su habitación era muy distinta a la que el recordaba.

 

El médico no tardo en llegar y confirmar lo que presumíamos. Oscar había recuperado de golpe, y solo al ver a Lorena, los catorce años de recuerdos que le había quitado el destino esa mañana de agosto de hacía dos años. No podíamos creerlo. Luego del golpe de la noticia y de ponerse al tanto de lo que había pasado, Oscar entró en una profunda depresión al estar conciente que había perdido esos dos años de su vida que curiosamente ya no recordaba, y se sumió en una gran tristeza. Luego del shock inicial y la alegría infinita, Oscar necesitaba tiempo y terapia para asimilar lo que había pasado. Su médico le pidió a Lorena que lo siga visitando, pero ella se mostraba escéptica, entre muchas razones porque no creía que hubiera tenido que ver en su milagrosa recuperación y porque le dio miedo lo que había pasado, porque tenía una pareja que tal vez no entendería lo que le pedían, y porque no quería hacerse responsable y comprometerse en un tema que, según ella, no le correspondía.  

 

Le rogaron que hiciera un esfuerzo siquiera por un par de meses. Luego de mucha insistencia ella aceptó. Empezó a ir dos veces por semana a visitar a Oscar, y pasaron largas tardes recordando cosas y sanando no solo su mente, sino también su corazón.

  

Epílogo:

 

He contado esta historia a muchas personas, y puedo dar fe de ella.

Oscar retomó poco a poco su vida. Superó su depresión y volvió a la Universidad y a sus actividades, y terminó su carrera de Administrador. Lorena por su parte, no volvíó a Miami e ingresó a la universidad y con el tiempo se graduó de veterinaria.

 

Dos años después de que Oscar recuperara su memoria, y en una preciosa mañana de un quince de octubre, familiares, amigos, y obviamente Francisco, Jair, Luis... y yo, fuimos testigos del matrimonio de Oscar y Lorena en la Iglesia Virgen del Pilar.  Dos personas que no pensaron reencontrarse y que se hallaban distraídos cada uno en su mundo, fueron unidos por el mismo destino que los había separado antes y que el mismo destino, en el momento mas difícil y menos esperado, los hizo coincidir, casi a ciegas, palpando con sus manos, un solo corazón.

Luego de la ceremonia, antes del brindis Oscar pidió la palabra y mirando a Lorena le dijo:

 

“Lorena, tu eres la principal razón por la que estoy aquí, pues en la oscuridad de mi noche, lograste encender una luz,  y sin que lo notaras cogiste mi mano, me guiaste entre la niebla, y me trajiste de vuelta; y con eso me regresaste a mí mismo, a mi propia vida, que curiosamente descubrí que no estaba completa si tu no estabas en ella. Y al volver yo, sin darte cuenta, tu también volvíste, y me entregaste aquel pedazo de mi corazón que siempre había sido tuyo. Ahora eres mi esposa, y no dudes que podría volver a sumirme en la miseria de no saber quien soy, si supiera que esa oscuridad me llevará de nuevo a ti"

     

Oscar y Lorena viven actualmente en Argentina, y les va muy bien. Oscar nunca más tuvo problemas con su memoria, y aunque el impacto de lo que vivió lo acompañará siempre, vive agradecido por la segunda oportunidad que la vida le regaló con su amada esposa y sus dos preciosos hijos.

 

Compartir este post
Repost0
1 julio 2009 3 01 /07 /julio /2009 11:41

“Mi amigo no ha regresado del campo de batalla, señor. Solicito permiso para salir a buscarlo”.

“permiso denegado” replicó el oficial. “no quiero que arriesgue usted se vida por un hombre que probablemente ha muerto”

El soldado, haciendo caso omiso de la prohibición, salió, y una hora más tarde regresó mortalmente herido, transportando el cadáver de su amigo.

El oficial estaba furioso: “¡ya le dije yo que había muerto! ¡Ahora he perdido a dos hombres! Dígame, ¿merecía la pena salir allá para traer un cadáver?”

Y el soldado, moribundo, respondió: “¡Claro que sí señor! Cuando lo encontré, todavía estaba vivo y pudo decirme: “amigo, estaba seguro de que vendrías”

(“La oración de la rana” – Anthony de Mello)

 

Estuve buscando en la web las distintas expresiones, meditaciones y comentarios en relación a la palabra “amistad” y “amigo”. Había demasiadas descripciones y miles de suposiciones… sin embargo, descubrí un dato fielmente real y conmovedoramente revelador: que estas dos palabras recorren Internet 353’000,000 millones de veces, 10 veces más que los 35’100,000 millones de veces que aparece la palabra enemistad o enemigo.

 

Y es que, todos tenemos la necesidad de compartir nuestra vida, nuestros mejores sentimientos y nuestras peores caídas con personas que, a pesar de nosotros mismos, nos regalan su preocupación, su apoyo incondicional, su compromiso y su responsabilidad desinteresada para vernos felices. Esos son los amigos. Personas que no son necesariamente tu familia pero te sienten parte de ella, que no te deben nada pero que se ofrecen para ti, que tal vez conocimos casualmente y ahora te preguntas porqué no los conocimos antes; que tal vez no son iguales a nosotros pero que logran un vínculo invisible, un lazo que  se hace cada vez mas fuerte y perdura,  aún cuando nos alejamos de ellos por las razones que la vida nos pone delante.

 

A veces el destino nos pone a los amigos en distintas etapas de nuestra vida en que, maravillosamente, nos damos cuenta de cuan precisos llegaron, porque nos apoyaron, nos acompañaron, nos resondraron, nos aconsejaron, o simplemente nos escucharon, porque… bah! no siempre necesitamos una respuesta a nuestros problemas, sólo necesitamos sacarlas de adentro. Y que bien se siente que no solo te oigan, sino que te escuchen.

 

Y cómo no olvidar a ese amigo que nos acompañó en nuestra primera travesura, en nuestros juegos; el amigo que se preocupó en alguna enfermedad, el que comparte nuestros estudios, amanecidas,  o celebró con nosotros un fin de ciclo; la amiga que solo le basta mirarte para decirte “algo tienes” o la que nos hace aterrizar cuando creemos ser los únicos que sufrimos por alguna mala experiencia; el amigo que lloró con nosotros cuando atravesamos alguna pérdida; el que no se despegó en aquella depresión y tampoco lo hizo cuando celebrábamos alguna dicha; con el que podemos hablar miles de horas, salir a miles de sitios, reírnos de miles de cosas y compartir mil situaciones. Ese amigo que nos llama regularmente para saber en qué estamos y aún el amigo que no has vuelto a ver ni a saber de él por tantas razones que nos presenta el destino. Todos ellos son regalos, son obsequios. Porque estar en esos momentos con nosotros,  por el simple hecho de que quieren compartir parte de su vida con nosotros, no tiene precio.

 

Valora esos obsequios. Valora lo gratuito del valor de la amistad. Fíjate quien es tu amigo y no sueltes su mano si sabes que esa persona tiene aferrada la tuya a su pecho. Y si no sabes nada de aquél amigo lejano, o que se alejó por esas razones que en su momento nos parecieron importantes y que ahora tal vez no lo son. Llámalo. Búscalo. Y hagamos crecer el círculo de aquellas personas que nos hace sentir especiales y que nosotros hacemos sentir especiales. Porque la vida, nuestra vida, esta hecha para compartirla, para vivirla con quienes consideramos importantes. Porque eso genera más amor en el aire, en nuestro entorno, en nuestro mundo. Y eso siempre, siempre valdrá la pena.

Compartir este post
Repost0
1 julio 2009 3 01 /07 /julio /2009 10:53

Cuando este sol se apague, tú partirás de mí, y seguiré solo, con mi dolor y mi llanto... mi convicción es no querer ya nunca más porque la misma historia se repite una y otra vez. Quédate, para poder vivir sin llanto… y cuando me desengañes, no se si viviré, porque es muy triste, tener tan solo llanto y mil renuncias en el corazón que implora que alguien se quede, que implora que alguien sea sincero alguna vez.

Quédate... para poder vivir sin llanto… (Silvio Rodríguez)

 

 

No se si es bueno que todo sea para siempre, aunque, a la luz de la propia vida, todo es momentáneo, fugaz... pero ya no lo veo como algo triste… si algo fuera para siempre, no tendría necesidad de extrañarlo, y si no lo extrañara, no sabría cuánto lo echo de menos o cuánto lo quiero: no le daría valor a lo breve. Y es que, a veces, lo breve es duradero, y lo es porque aprendemos a retenerlo lo suficiente para que permanezca con nosotros. No todo lo que queremos es para siempre, pero nadie piensa en eso cuando quieres sino cuando esos momentos se van, ahí es que muchas veces recién le damos valor, cuando los extrañas...

 

A veces queremos ser justos con nosotros mismos y con los demás, que preferimos hacer lo que es correcto, aún cuando vaya en contra de lo que queremos, aún cuando vaya en contra de nuestro propio corazón. Pero de eso aprendemos, de eso maduramos y evolucionamos... veras que luego pensaras en otra situación en la que querrás que sea para siempre pero ya sabrás de antemano que no será así… ni siquiera nuestros pensamientos quedan con nosotros. Pero lo vivido nadie te lo quita.

 

No todo lo que queremos es para siempre, pero siempre tendremos la oportunidad de hacer buenos momentos y que esos buenos momentos nos acompañen en nuestra vida. Siempre podemos crear nuevos momentos, momentos buenos. Son esos buenos momentos los que crean lazos, crean cariño, crean amor... es el recuerdo de lo que sientes lo que te enamora, lo que te llena, lo que te mantiene  con el corazón vivo y amando a aquella persona que nos recuerda todos los días que tal vez si puede ser para siempre, que puedes dejar de pensar en que todo es un momento.

 

Es por eso que cada día trae una oportunidad de querer, una alegría que debes encontrar y disfrutar hasta que encuentras nuevamente aquello que te colma; entonces volverás nuevamente a olvidarte de tus frases tristes,  de tus miedos... y nuevamente empezará el ciclo inalterable del amor. Siempre debemos vivir de momentos, porque la vida es un ratito… ¿y un ratito no es para siempre no? pero que bien se siente porque esos momentos siempre serán eternos en nuestro corazón.

Compartir este post
Repost0
29 junio 2009 1 29 /06 /junio /2009 21:18

 

DSCN1248.JPG

Hace poco un buen amigo, profundamente emocionado por volver a casa después de un largo viaje, me pregunto que era para mí el amor. No supe que contestarle, aunque él tenía como respuesta la mirada enamorada de su esposa y el sueño reposado de su hija.

 

La capacidad del ser humano de dar amor es la certeza de quien cree en Dios. No lo ves, lo sientes. Sientes su presencia inundando cada rincón del espacio vacío de tu corazón. No necesita explicación. Sólo lo sientes. Una mirada. Una sonrisa. La compañía de quien sientes podría quedarse contigo todo el tiempo sin decir una sola palabra, pero que basta sentirla cerca para saber que no necesitas nada más para ser feliz.

 

Cada cual tiene su propia descripción del amor. Yo tengo la mía, y no necesariamente espero que la tenga el resto. Hay seis mil millones de personas en este mundo. Todos amamos. ¿Te imaginas cuanto amor hay en el aire? En este preciso momento en que escribo esto hay millones de historias de amor que empiezan, otras millones que se fortalecen, o que tambalean… también hay de las que terminan, de las que se evaporan, de las que nunca te explicarás cómo terminaron, aún cuando sigas amando; y sin embargo, nunca te explicarás como es que empezaron. Tú quieres porque quieres, porque no hay una etiqueta en esta o cual persona que diga: es para ti. Simplemente, es el universo que se confabula para que te encuentres con esa persona, y misteriosamente, tiernamente, vas sembrando en tu corazón aquella sensación de no explicarte porqué sientes lo que sientes: la certeza de que has encontrado a alguien que, de pronto, ha iluminado con su sola presencia la oscuridad en la que tal vez te creías deambulando.

 

El problema es que nadie tiene la fórmula para dar amor. Es en el camino que vamos aprendiendo. La encontraste, se gustaron, se enamoraron. Y entonces, empieza una nueva etapa: mantener ese amor todo el tiempo posible. A veces es duradero, a veces, fugaz. A veces nos dejan heridas y a veces buenos recuerdos. Y eso depende mucho de nosotros mismos. De nuestra fortaleza. De nuestra decisiones y actos. A veces nos equivocamos, o de pronto nos enredamos en nuestros propios rollos, en nuestros problemas, en nuestra inseguridad o en nuestros vicios. Dos culturas que se mezclan no siempre encuentran el equilibrio. A veces, en nuestra desesperada idea de que hemos encontrado a la persona ideal, hacemos lo imposible para mantenerlo con nosotros. O por evitar que nos dejen,  nos volvemos dependientes, creemos que debemos cambiar o amoldarnos sin darnos cuenta que empezamos a perder la razón de lo que somos en realidad: nosotros mismos.

 

Se siempre tu mismo. Ama todo lo que puedas cada vez que creas que has encontrado el amor. Inténtalo siempre, aún cuando creas que ya no puedes o que no quieres salir dañado de nuevo. La persona que te ame te va a querer no por lo que eres, sino por lo que significas, te va a amar por lo que siente y no por lo que le digas,  te va a amar independientemente de si le brindas los mismos detalles o gestos. Porque no te enamoras de una parte de la persona, te enamoras de todo lo que encierra, con sus virtudes y defectos.   Y si al final no resulta… ¿que más da? Al menos te quedaras con la tranquilidad de que hiciste todo lo que pudiste. Pero aprende a dejarlo ir. Con el tiempo, de pronto, volverás a amar, hasta que llegará el momento en que encuentres a esa persona que te dirá: ¿Dónde estuviste todo este tiempo?... y sabrás entonces que encontraste lo que siempre quisiste: a tu gran amor, a la persona que completará tu vida, que será tu compañía, con la que querrás ver crecer a tus hijos y estara contigo hasta el final; y entonces, compartirás mucho más amor del que se pueda dar en una vida. Porque de eso se trata la vida.

 

Haz de tu vida...  una experiencia de amor.

Compartir este post
Repost0
29 junio 2009 1 29 /06 /junio /2009 20:57

Argos3.jpgLa literatura griega dice que Argos, el perro de Ulises, por más anciano que estaba se negó a morir, y todos los días esperaba en el umbral de la puerta la llegada de su amo. Cuando Ulises llegó, varios años después y cuando nadie lo reconocía, su perro salió a su encuentro, sintió la caricia de su amo, y murió en sus brazos.

 

Yo tuve un Argos. A pesar de sus aspiraciones a carnicero de la familia (nos mordió a casi todos), aspiración que fue su sentencia de muerte, fue un perro excelente. Escuche alguna vez que Dios nos pone a los animales para ponernos a prueba sobre cómo tratamos su creación. Y yo lo creo. Recuerdo haber tenido dos perros antes de mi actual mascota, Jem y Argos. Ahora tenemos a Camila, una bóxer muy linda, cariñosa, y traviesa, verdugo de mis sillones y de los cosméticos de mi mamá. Tanto es su cariño, que si pudiera le abriría la puerta hasta el ratero. Así que ya la descartamos como perro de vigilancia.

 

La primera mascota que tuvimos en casa era Jem, un cruce de Cocker, y que estuvo con nosotros casi 11 años. Como no conocía la calle, cada vez que se escapaba teníamos que perseguirla  y los vecinos nos ayudaban a atraparla; no le gustaban los niños ni los extraños. Pasó tal vez nuestra época más difícil y era la engreída de mi papá, quien la trajo a casa en la palma de su mano, conmovido porque cuando le dieron a escoger un cachorro de toda una camada, ella se le acercó voluntariamente. Ese mágico lazo los unió desde ese momento y se mantuvo intacto hasta el día de su muerte, producto de una caída desde el techo que la inmovilizó y por la cual mi papá ya le estaba diseñando una silla de ruedas, renuente a que su adorada Jem sea sacrificada por inválida. Sin embargo, la caída le comprometió órganos internos y su edad no la ayudaba. Mi papá sufrió mucho y al despedirse de ella, antes de dejar que la lleváramos a dormir, le dio un beso tierno en su cabecita mientras le hacía la señal de la cruz entre sus ojos, esperando tal vez encomendarla para cuando el fuera para allá. Todos en casa sufrimos su pérdida, sobre todo mi mamá, quien la cargó y se quedó con ella hasta que la enterramos bajo un árbol en Montemar.

 

El siguiente año llegó Argos. Fue un regalo a mi mamá por parte de una amiga de mi hermano. Con Argos, a diferencia de Jem, fuimos algo más responsables en su cuidado, vacunas, baños y todo lo que concierne a tratamiento, debido al tipo de raza que era y por lo delicado de la misma.  Este samoyedo de cachorro era encantador, y de grande, demoledor. Se robaba el pollo que se descongelaba en el caño, se llevaba todo lo que era de cuero, se comía las tortas de mi mamá y cuando lo sacabas a pasear era él quien te llevaba. Era muy inteligente, sabía quien era quién, le podías pedir que le pasara la voz a Juan y buscaba a Juan, lo mandabas a comprar galletas y se iba hasta la bodega y la bodeguera (que ya lo conocía) le encajaba las galletas en el hocico, la cuales no tocaba hasta llegar a la casa. Era un gran perro.

 

Siempre consideraré que fue culpa nuestra que nuestro Perro se vuelva malo. Siempre me arrepentiré aquellas veces que me rogaba, con su correa en el hocico, que lo saque a la calle en la mañana y yo, por sueño o por desgano, no lo hacía. O las veces que yo le daba una orden y mi hermano le daba otra, confundiéndolo; o el cariño desmedido que le procurábamos y que lo hizo engreído y gruñon cuando nos poníamos duros con él. O cuando sabía que habia hecho algo malo y se escondía en el cuarto de mi papá, fortaleza infranqueable desde donde nos miraba con sorna, ya que mi papá lo defendía a capa y espada y no dejaba que lo toquemos, echándonos a nosotros la culpa de su comportamiento .Se estresó, y nuestra inexperiencia produjo que Argos se volviera peligroso para nosotros. Después de habernos mordido a todos y de haberlo perdonado por ello, mordió a un sobrino en la pierna y ya no pudimos con eso. Mi mamá, con la fortaleza que siempre la ha caracterizado y para quien había sido Argos su perro entrañable y querido, cumplió nuevamente el triste trámite de llevarlo a sacrificar, como quien se sabe con la responsabilidad de ser, en el final, quien le cerrase los ojos, aunque eso la devastara.

 

Ahora tenemos otra mascota, aunque, personalmente, extraño mucho a Argos y siempre que lo recuerdo me invade la culpa de quien no cumplió lo suficiente. Aún al día de hoy derramo un par de lágrimas, por esos parques que nos faltó conocer, por esa pelota que me lanzó y no le devolví, por esa playa que no conoció, por ese cariño tan gratuito y puro que sólo puede dar alguien que no espera nada a cambio y sin embargo tu eres su todo siempre, a pesar de todo.

 

Alguna vez un cura tonto me dijo que los perros no tienen alma. No se si la tendrán. Pero puedo estar totalmente seguro que hay algo más que sólo un ser vivo, hay algo en su mirada que abraza, que conmueve, que acompaña. En sus ojos puede expresar tristeza, alegría, dolor; y hasta podría jurar que sé cuando sonríen. Quiero pensar que sí existe un Dios para ellos, y sé que si Dios nos pone seres tan nobles, debe recompensar esa nobleza de algún modo; quiero pensar que mi Papa ya la  buscó y ya se encontró con su Jem en alguna parte,   y que Argos nos está esperando, fiel a su nombre, en algún lugar… cerca al cielo.

PD: Mi mamá no dejó que fuésemos con ella a sacrificar a Argos. Cosa rara, ya que normalmente ella se quiebra con estas cosas. Se ha deslizado entre mis hermanos la leyenda urbana que mi madre regaló a Argos y no lo sacrificó. Cuando le preguntamos, aún hoy, que pasó en realidad, sólo nos sonríe y sigue haciendo sus cosas. Creo que esa sonrisa cómplice solo dice dos cosas: una, que no preguntemos algo que no va a responder. Dos: que nunca sabremos la verdad.

Compartir este post
Repost0
26 junio 2009 5 26 /06 /junio /2009 15:50

img008.jpgUn mediodía soleado de diciembre de 2007, mi padre dejó la humildad de este mundo para partir hacia donde solo pueden llevarlo las alas de los ángeles. A pesar del tiempo transcurrido y de la resignación ahogada en recuerdos que todos en casa vivimos hasta hoy, aún no me acostumbro a llegar por las noches después de trabajar y, antes de prender la luz de mi habitación, no ver el reflejo de la luz de su cuarto, casi siempre prendida como faro de referencia para mi que a veces llegaba a oscuras y de puntillas para que mamá no note la hora avanzada de algunas noches alegres o perciba la mirada nublada de alguna parranda nocturna que mi papá siempre me detectaba aunque yo creyera que no.

No voy a hacer una alegoría o semblanza sobre mi viejo, porque algunos pensarían que exagero y otros pensarán que me faltó escribir más. Sólo puedo decir que se le extraña, sobre todo los últimos meses a su lado en los que, a pesar de estar enfermo, nos dio la oportunidad de pasar con él más tiempo, de esforzarnos en cuidarlo, de limar aquellas pequeñas asperezas que nuestra diferencia generacional pudiera haber creado. Pero sobre todo, nos regaló  la alegría de robarle una sonrisa y de que nos la robara a nosotros, de contarle nuestras cosas, de apreciar y atesorar cada beso que nos daba, cada apretada de mano, cada abrazo, cada gesto… nos permitió llenarlo de muchos “te quiero papa” en cada espacio de ese tiempo.

Un par de días antes que papa dejara este mundo pude estar con él en el área de emergencias del hospital. Terco como era, quería que hable con el doctor y lo saque de allí, aburrido de los cinco días que llevaba grave. Me costó convencerlo de que lo mejor era quedarse porque seguía delicado. Me despedí con un beso en su frente y el tomó muy fuerte mi mano. Ahora pienso que en realidad él se estaba despidiendo cuando respondió a mi “te quiero mucho viejo” con un apagado pero contundente “yo también te quiero”…. En el funeral, pensé que esa había sido la última vez que escucharía esas palabras, pero no fue así.

La madrugada de mi cumpleaños, tres meses después que falleciera, soñé con mi papá. Estaba en su silla de ruedas, pero completamente lúcido y sano; y con esa sonrisa eterna que iluminaba su rostro me saludó por mi cumpleaños, recordándome que me quería y que no olvide que él había sido el primero en saludarme un año antes (y en efecto había sido así), y pidiéndome que no me preocupara porque él estaba bien. Desperté, obviamente conmovido, pero con una gran paz que me invadió y me hizo sentir que, en realidad, fuera mi inconsciente o fuera una señal, mi papá se había encargado de ser él, quien me diera la última visita.

 

PD: Hace muchos años, una gitana atajó a mi papá en la calle,  y por unos billetes le miró la mano y le dijo que viviría hasta los noventa años. Lo que no le dijo fue que su cálculo tendría un margen de error de trece años.

 

Compartir este post
Repost0
25 junio 2009 4 25 /06 /junio /2009 12:20

Dicen que hay personas que están destinadas a encontrarse. Dicen también que hay personas que están destinadas a encontrarse y desencontrarse. Pero también se dice que hay personas que, aún cuando se encuentren y la vida las distancie, siempre seguirán unidas, de alguna extraña manera...

Parte 1

Era una fría mañana de mayo en el único patio de un pequeño colegio nacional. Se llevaba a cabo la ceremonia por el día de la madre, y toda primaria estaba formada, con los padres de invitados y una larga lista de números artísticos por delante. En una de esas filas, formado al fondo por su estatura estaba Arturo, alumno del cuarto grado de primaria, quien esperaba impaciente que el día acabara pronto para volver a casa.

Era casi mediodia, y luego de varios bailes, poemas, composiciones y discursos de los alumnos de cada grado y sección del colegio, el cansancio de la formación ya lo traía distraído hasta que anunciaron un baile a cargo de una pareja de su aula. Arturo, que no sabía que hubiera algo preparado por alguien de su salón,  sintió curiosidad. Y entonces, la vió. Era una niña, enfundada en un vestido hermoso y un maquillaje precioso, con los pies descalzos y un pañuelo en su mano derecha. Y una mirada que podía rescatarlo de si mismo con solo quedársela viendo. La acompañaba un noble chalan, vestido también para la ocasión. Iban a bailar Marinera Norteña, un baile que Arturo no había prestado atención antes, pero que, de ahí en adelante, lo acompañaría el resto de su vida.

Un sentimiento nació cuando vio a esa niña por primera vez y que cambió todo, aunque el no lo supiera en ese momento, para siempre. Se quedó mirándola, como si no hubiera nadie mas alrededor, y en su afán de verla mas de cerca no le importó arrodillarse para que nadie notara que, siendo el mas alto del salón, estuviera formado primero. La niña de la marinera se llamaba Vanessa, y luego de verla bailar aquel día Arturo quizo conocerla. A pesar que estaban en el mismo salón de clases nunca habían conversado, y esa situación no cambió mucho, pues cada vez que Arturo quería hablarle, lo asaltaba el miedo y volvía a su carpeta. 

Buscando la forma de que ella se fijara en él finalmente encontró una. Poco mas de un mes después del baile de marinera Vanessa cumplía años, y sus papás decidieron celebrarlo y organizaron una fiesta. Decidido a ser invitado, la mañana que Vanessa repartía las invitaciones a sus amigos del salón Arturo respiró hondo, tomo valor y se acercó a ella, y sin darle tiempo a reaccionar le pidió una invitación. Ella accedió. Arturo se prometió que en esa fiesta se haría notar a la niña de la marinera. Y así fue en cierta parte, pues fue el alma de la fiesta, aunque no lograra que Vanessa se interese en él. 

Luego de ello no tuvo mayor oportunidad de hablarle durante el resto del año escolar, y así llegó el fin de año. Ella fue a otro colegio al siguiente año y las esperanzas de Arturo de poder alguna vez hablarle se acabaron. Pronto esa mirada y esa marinera se irían disipando de su mente con el pasar del tiempo

Parte 2

Han pasado dos años. Un día, el hermano de Arturo enfermó y faltó dos semanas al colegio. Su madre le pidió a Arturo que vaya a la casa del compañero de clases de su hermano para copiar las tareas, lo que Arturo aceptó a regañadientes, ya que le aburría la idea de copiar a mano las clases de su hermano menor.

La casa del compañerito quedaba cerca, a un par de cuadras. Cuando llegó a la dirección señalada el lugar le pareció extrañamente familiar, y aunque no estaba seguro porqué, tocó el timbre. Quien abrió la puerta no fue el amigo de su hermano. Fue Vanessa, la chica de la marinera. Ambos se miraron sorprendidos, y entonces ella, inexplicablemente, le cerró la puerta en la cara inmediatamente. Recuperado de la primera impresión y de la extraña reacción Arturo tocó nuevamente la puerta. Esta vez, y luego de un rato de esperar abrió el amigo de su hermano, quien luego de presentarse le comentó que Vanessa era su prima y que en esa casa había sido el cumpleaños de Vanessa, al cual Arturo había ido dos años antes.

Bastó verla esa vez para necesitar verla de nuevo. Luego de ello, cada vez que su hermano siquiera estornudaba, Arturo animaba a su mamá a que no mande a su hermano al colegio, ofreciéndose para ir a la casa del amigo a copiar las tareas. Arturo tenía la esperanza de encontrar a Vanessa pero cuando ello ocurría sólo intercambiaban miradas y un tímido saludo. Esto ocurrió un par de años, hasta que su hermano dejó de estudiar con el primo de ella y dejaron nuevamente de verse, y con el tiempo esa mirada volvió a perderse en el recuerdo de un bonito sentimiento.

Parte 3

El tiempo ha pasado. Arturo, ya con dieciséis años, se encuentra en su último año de colegio. En ese año se inscribe además en el programa para preparase al sacramento católico de la confirmación.

Fue un domingo de Abril en la parroquia. Era el primer día del programa de Confirmación, al cual asistió  con un par de amigos para hacer más social y divertido el tiempo. En aquella primera reunión conocieron una chica que les llamó la atención. En la conversación ella les comentó que venía de un colegio particular, y es entonces que Arturo con sus amigos la animan para que convenza a sus amigas a venir al programa. Ella les promete que las traería la semana siguiente. Cuando la semana siguiente llegó, la chica cumplió su promesa y trajo a sus compañeras.

Por esas coincidencias que la vida te obsequia Arturo se encontró cara a cara, nuevamente, con la chica de la marinera. Resultó que era del mismo colegio y salón de la chica que Arturo había abordado una semana antes con sus amigos. Nuevamente ambos, como si estuvieran destinados a encontrarse, se volvían a ver. Para entonces cada uno vivía su propia vida, y ese reencuentro lo tomaron como una coincidencia, aunque ambos sabían que no era así.

Esos nueve meses que duró el programa se vieron cada domingo y coincidieron a la salida con lo cual  se regresaban juntos a casa, lo que les permitió conversar y reconocerse, despues de tantos años. Y con el tiempo, casi sin darse cuenta esa mirada que tanto había acompañado a Arturo años atrás y que pensó haber olvidado comenzó a volverse cada vez mas necesaria, mas tierna, mas cercana. Ya no era un niño, y aunque tampoco fuera un hombre tenía mucho más clara la visión de lo que quería.  Por otro lado, Vanessa había visto algo en ese chico que la empezó a cautivar hasta que, casi a finales de ese año, una tarde de sol a fines de noviembre,  Arturo la besó. Y ella lo besó. De pronto, el mundo se detuvo como aquella vez que la vio bailar y no importaba nada a su alrededor. Y sin dudar un segundo le pidió que fuese su enamorada. Y ella aceptó, encantada.

Arturo no había sido tan feliz hasta ese momento. Pensó que las cosas habían pasado de tal modo que ese amor sería un amor para la historia. Sin embargo, no fue así. No duraron mas de dos meses como pareja, por las tontas razones por las cuales lso adolescentes nos ahogamos en un vaso de agua. La casi nula disponibilidad de encontrarse y lo difícil de poderse comunicar hizo que todo se decantara muy rápido.

Parte 4

Después de haber terminado, y a pesar que tenían varios amigos en común, Arturo y Vanessa se evitaron sistemáticamente. y cuando coincidían en algún lugar, casi siempre terminaban discutiendo. Cada uno hizo su vida; Arturo empezó una nueva relación, la terminó luego, y un par de años después decidió ingresar al seminario para ser sacerdote, motivado por su actividad parroquial.

Lo del seminario se hizo público entre sus amigos antes que ingresara. Faltando un par de semanas para ello, Arturo recibió una llamada. Era Vanessa. estaba conmocionada por la noticia. Luego de conversar un buen rato, Vanessa le propuso ir a manejar bicicleta por última vez, como lo habían hecho alguna vez cuando casi no se hablaban y coincidían con amigos en común. Arturo aceptó.

Fue una fresca mañana de febrero recorriendo una amplia y vieja Avenida. Manejaron bicicleta como antes, sin preocupaciones del ayer, o del mañana. Llegaron al final de la avenida, que terminaba en un malecón, frente al mar. Dejaron las bicicletas a un lado y se sentaron en el pasto. Conversaron mucho aquella mañana, recordando las cosas que, de una manera u otra, los mantenían unidos. De pronto el mundo se detenía nuevamente frente a ellos. El problema de antes, y de ese momento, era que todo era tan claro y ellos tan torpes para no verlo, que aún podían mirarse y ver amor en sus ojos sin hacer nada al respecto. Ella lo amaba y la idea de perder a Arturo la desgarraba. Y de pronto, y sin ambos proponérselo -o tal vez si- se besaron. Se dieron un beso tan sentido y tan lleno de cariño que Arturo quedo devastado luego por la impotencia de saber que Vanessa lo amaba pero que -solo al final- tuvo el valor de decírselo. Luego de ello él recibió una carta de Vanessa, donde le escribió "te amo".en un pedazo de papel arrancado de un cuaderno donde ella había atinado a escribir para despedirse. Luego de ello Arturo igual ingresó al seminario, y aunque no perdió comunicación con ella, trató de alejarse para que el recuerdo de ese paseo en bicicleta no lo nublara de la decisión que había tomado, y que quería asumir con responsabilidad para discernir si ello era lo que su corazón le dictaba.

Parte 5

Casi a finales de ese mismo año ya pasaba por la mente de Arturo la idea de retirarse del seminario, pues en su discernimiento descubrió que ese no era el camino que quería elegir. Por entonces recibió una invitación para ir al evento anual pro fondos que organizaba su parroquia. Extrañaba a su familia y amigos, por lo que decidió ir.

Fue un domingo de noviembre. Cuando llegó y se reencontró con mucha gente querida, alguien le comentó que en la Kermesse habría un número artístico de Marinera Norteña,y que Vanessa sería quien baile. De pronto ese extraño e impertinente sentimiento lo invadió de nuevo, como en el colegio, y espero emocionado que Vanessa saliera a bailar. Cuando finalmente ella apareció, el mundo nuevamente frenó de golpe y Arturo recordó todas aquellas cosas por las cuales amaba esos ojos, esa mirada, esa mujer. Volvió mágicamente a esa época feliz, cuando esperaba ver a esa niña con su pañuelo al viento, su vestido encantador, su mirada iluminada, sus ojos eternos. Y fue nuevamente ese niño tonto que se impresionaba por una niña que le había robado el corazón.

Cuando el baile terminó, Arturo buscó a Vanessa. Se miraron, y se acercaron presurosos a abrazarse, y rieron juntos como hace años no lo habían hecho. Se tomaron la foto que Arturo aún guarda y a la que recurre cuando todo lo demás falla en su vida. Fue entonces que tuvo la certeza de la decisión que ya daba vueltas por su cabeza,  y decidió desde ese momento dejar el seminario, regresar a casa, al barrio, y a ella. Luego de la navidad Arturo dejó el seminario y volvió a casa, a enojo de su madre quien ya lo había llorado suficiente

Días después de volver a casa, Arturo y sus amigos salieron de la ciudad para celebrar su vuelta al barrio. En aquel viaje al sur Vanessa también decidió ir. Ni bien llegaron a su destino, Arturo le pidió a Vanessa un momento para hablarle, y cuando estuvieron solos trató de ser lo más sincero posible con ella: le dijo cuánto la quería, cuánto sentía el tiempo que había pasado y cuánto la había extrañado. Arturo esperaba algún reproche de parte de Vanessa, pero ella sólo lo miró y le preguntó ¿porqué me dejaste? E inmediatamente lo abrazó. No lo dejó responder, pues solo atinó a darle un tierno beso, y con ello, finalmente, fueron enamorados.

Parte 6

Vanessa y Arturo tuvieron una larga felicidad de casi tres años. Durante el tiempo que estuvieron trataron de darse todo el amor que pudieron, aunque cada uno a su manera. Arturo era impulsivo, expresivo e inmediatista. Vanessa en cambio, era mas reflexiva, introvertida y extremadamente cauta. Sin embargo, igual Arturo la llenaba de detalles y cariño en una época en que se dedicó a tratar de hacerla feliz. Lo poco que podían compartir se hacía inmenso por el valor de cada detalle, que forjó dentro de todo una relación fresca, inesperada, gratuita, sincera.

Vivieron muchas cosas juntos y se quisieron demasiado. Sin embargo, en el camino  algo ocurrió. A veces las personas nos creamos una barrera por la cual no queremos hacernos daño ni que nos lo hagan por temor o por cosas que hemos vivido, y podemos en buena cuenta querer sin expresarlo, aún a costa de perder aquello que realmente amamos. Y eso pasaba con Vanessa. Los buenos momentos muchas veces se opacaban por sus propias barreras. Arturo, por su lado, comenzaba a perder la paciencia y muchas veces no supo ponerse en el lugar de Vanessa, situación que empeoró cuando cambió de trabajo y se empezó a deslumbrar por personas que empezaba a conocer  y el nuevo mundo que se abría ante sus ojos. En algún  a Arturo se le acabó la fuerza y dejó de luchar,  adormeciendo la  ilusión. Ciertamente una parte de Arturo se apagó cuando -a poco de cumplir tres años- terminó con Vanessa,  de manera accidentada y poco valiente.

Luego de ello Arturo no esperó mucho tiempo para superarla, y dio vuelta a la página haciendo una nueva vida, en la cual ciertamente fue muy feliz. La chica de la marinera y Arturo se alejaron comprensiblemente, y pasó no poco tiempo antes que se cruzaran de nuevo, algo que debía ocurrir ya que necesitaban hacer las paces entre ellos y con ellos mismos. Se vieron muy esporádicamente y sólo conversaban por correo, hasta que el pasar del tiempo hizo que empezaran a frecuentarse nuevamente. Y aunque en el fondo sabían que las cosas no serían iguales, escucharse o verse en aquel entonces fue muchas veces un antídoto al mal humor, un descanso del mundo, un momento ideal.

Conclusión

Ambos se quisieron mucho y ambos cometieron muchos errores. Luego de separarse ambos hicieron una nueva vida, y aunque mas de una vez pudieron tener  la oportunidad de retomar lo que dejaron, Arturo fue demasiado cobarde para retomar el hilo de una vida ya vivida, y se conformaba con vivir sólo de los recuerdos de su tiempo con Vanessa. Por su parte, Vanessa también fue cobarde, pues nunca supo decirle a Arturo lo que sentía a pesar que se moría por hacerlo y con ello ocasionó que Arturo pensara que ella finalmente ya no estaba enamorada de él, aunque luego descubriera que no era así. Ambos perdieron, aunque se hubieran amado tanto.

Sin embargo, aún hoy, y a pesar de que han pasado tantos años, cuando Arturo escucha marinera o tiene la oportunidad de ver a alguien bailarla se detiene y sonríe; recordando ese gran amor que cobijó buena parte de su vida, y se le encoge el corazón al imaginarla bailando, y se recuerda a sí mismo cuando niño, en primera fila de aquél colegio donde la conoció; y es entonces que recuerda todo aquello que hizo de su historia una historia digna de contar. Y viendo ese encantador baile, sus recuerdos se empañan en una lágrima -siempre- aunque luego la seque con una sonrisa, recordando todo aquello que lo hizo tan feliz. Porque si la Marinera tiene un rostro debe tener su sonrisa, su mirada. Y porque los ojos de la marinera deben tener los suyos, en mi corazón ella será, de una manera o de otra, mi novia de siempre.

 

 

Compartir este post
Repost0

Presentación

  • : al final de la calle
  • : Bueno, a mi me gusta, ojala a ustedes. Es un espacio donde escribo algunas historias personales, reales algunas y otras sazonadas, así como pensamientos y algunos extractos de cartas y viejas libretas que me pareció interesante compartir.
  • Contacto

Texto Libre

Enlaces